– Pablo Mejía –
El más reciente Informe de Brecha de Género del Foro Económico Mundial nos recuerda una realidad inquietante: al ritmo actual, el mundo tardará 123 años en alcanzar la paridad de género.
Detrás de este dato se esconde un progreso global de apenas 0,25% anual en 19 años de medición. Y, aunque las brechas persisten en educación, salud y política, es en la dimensión de participación y oportunidad económica —el ámbito donde las empresas tienen mayor capacidad de influencia— donde la situación resulta más preocupante: la brecha es del 61%, lo que proyecta un cierre en 135 años si continuamos avanzando al ritmo actual.
La participación femenina en la fuerza de trabajo es del 41,2% y en la alta dirección apenas alcanza el 28,1%, con un avance marginal de 2,4% en la última década.
Un espejo para América Latina y Colombia
América Latina se destaca como la región con mayor velocidad de cierre, pero todavía arrastra rezagos profundos. En empoderamiento político ocupa el tercer peor lugar entre nueve regiones. Colombia refleja estas tensiones: ocupa el puesto 41 de 148 economías, pero en participación y oportunidad económica cae al 71, lo que evidencia la persistencia de barreras estructurales en esta dimensión.
El costo de la inacción
Para las empresas, ignorar la brecha de género no es neutro. Significa:
- Talento desaprovechado que podría estar impulsando innovación.
- Pérdida de productividad en entornos que no capitalizan la diversidad.
- Menor competitividad frente a mercados donde la inclusión es un diferencial.
- Mayor vulnerabilidad en sectores feminizados, con bajos salarios y poca escalabilidad.
A esto se suma un riesgo emergente: los empleos donde predominan las mujeres son los más expuestos a la automatización y disrupción por la inteligencia artificial generativa, con menos posibilidades de aumentación tecnológica.
Un llamado a las empresas
La fotografía es clara: si la transformación no se acelera desde las organizaciones, el cierre de brechas seguirá siendo un proyecto a más de un siglo. Las empresas pueden —y deben— cambiar esa ecuación:
- Ampliando la participación femenina en la fuerza laboral, especialmente en sectores estratégicos y de alta remuneración.
- Fortaleciendo el acceso a posiciones de liderazgo, con políticas de equidad claras y medibles.
- Revisando sesgos en contratación, remuneración y promoción, para asegurar condiciones de igualdad real.
- Preparando a las mujeres para la transición tecnológica, con formación en habilidades digitales, IA y liderazgo en innovación.
Conclusión
El costo de la brecha de género no solo se mide en inequidad, sino en oportunidades económicas perdidas. Por eso, el reto para las empresas es pasar de los compromisos a las acciones transformadoras que aceleren el cierre. La igualdad de género no puede seguir siendo un horizonte a 123 años: debe ser una agenda impostergable que el sector empresarial lidere hoy.
En ARCO Consultores, acompañamos a las empresas a recorrer este camino desde el núcleo del negocio y de su estrategia de sostenibilidad. Desde el diseño de estrategias de equidad de género hasta la integración de métricas y reportes ESG, ayudamos a las organizaciones a convertir la diversidad en un motor de competitividad, innovación y sostenibilidad.
*Este artículo fue escrito por Pablo Mejía en colaboración con herramientas de IA.